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Los derechos de la mujer en Irak, su futuro y el nuestro  

By Shere Hite


En Irak y en otras partes del mundo, tiene lugar en la actualidad una lucha para hacer evolucionar un nuevo sistema de valores fundamentales y de formas de dirigir la sociedad y el gobierno. ¿Cuál será el lugar de las mujeres en todo esto?

Esta lucha se está dando también en el fuero interno de mujeres y hombres de todo el mundo, metafóricamente hablando. Muchas mujeres tienen la impresión, en Occidente y en Oriente, de que deberían tomar partido, bien por el sostenimiento de su propia sociedad tradicional o bien por la aceptación de los valores seculars universales de Occidente / nuevos estilos de vida. Ahora bien, ¿representan estas dos opciones la verdadera alternativa? Es una desgracia que estas dos opciones parezcan ser las únicas posibles; se trata de una simplificación o de una deformación extremada de nuestra visión del mundo.

Es preciso que identifiquemos para el futuro una tercera vía o varias terceras vías, nuevos conceptos de cómo vivir, que no sean ni una vuelta al orden social tradicional ni un salto a la pornografía y a la más absoluta permisividad (que en realidad no es sino la otra cara de la moneda de la moralidad tradicional). Hay algunos valores positivos tanto en uno como en otro concepto, pero uno es una versión extremada (incluso una caricatura) del otro, no una auténtica vía de futuro. En mis recientes investigaciones, me encuentro con mucha gente que se esfuerza por desarrollar como cosa personal una especie de moralidad individual que combina lo mejor de estos conceptos, tratando de encontrar un horizonte que no caiga en un extreme ni en el otro.

Aunque cunda la impresión de que los enfrentamientos y los debates que se dan en estos momentos en el mundo se mueven entre la religión verdadera o la tradición y el laicismo occidental (o incluso la democracia, o sexo, drogas y rock’n’roll), la alternative no es ésa en realidad. Para encontrar un auténtico diálogo a escala mundial en este universo nuestro en vías de
consolidación, que ahora está dominado por la globalización económica a cargo de las grandes empresas y sus marcas, es preciso que pensemos en los valores que se están difundiendo acerca de la vida privada y la familia.

¿Cuáles son los dos sistemas de valores rivales que en la actualidad se ofrecen al pensamiento global? Parece que, en la guerra contra el terrorismo, los países islámicos tradicionales representan el de las mujeres en casa al cuidado de los niños o tapadas fuera de ella por gruesos velos (al menos, ésas son las imágenes que, por lo general, los medios informativos occidentals nos ofrecen de los países islámicos), mientras que la cultura occidental representa la libertad de las mujeres para trabajar en oficinas o para llevar minúsculas minifaldas en las discotecas cuando son jóvenes, para salir. En ambas culturas, los hombres están a cargo de las instituciones sociales, desde la Iglesia al Gobierno, pasando por la familia, o al menos, tal y como se nos presenta en la mayoría de los medios de comunicación.

La pornografía, que en la actualidad recorre el mundo vía Internet, da la impresión de mostrar una imagen de la cultura occidental en la que mujeres y hombres son activos por igual en el plano sexual, aunque las imagines que aparecen no tienen en absolute nada que ver con la realidad y resulta ridículo pensar que reflejan idea alguna de igualdad; sin embargo, eso
es lo que muchas de las personas que las contemplan creen que deberían pensar al verlas... En consecuencia, se refuerza así la aparente alternative entre valores familiares tradicionales y la nueva cultura pornográfica de la igualdad / comercialización de la sociedad. No sólo no es éste el caso (lo esperanzador es que Occidente defiende los derechos humanos y, desde luego, no en el contexto comercialmente vulgar que implica la pornografía) sino que, además, la mayoría de los sujetos de mi investigación, al menos hasta ahora (quizás en el futuro los individuos empiecen a ser un reflejo de las imágenes que contemplan), no siguen este tipo de comportamiento en la intimidad. Es más, esas dos posturas extremas que aparentemente representan las alternativas enmascaran la auténtica encrucijada a la que nos enfrentamos en la actualidad, que tiene que ver con el problema de la libertad y la dignidad del hombre. En estos temas es posible encontrar verdades parciales en diferentes sistemas de valores de todo el planeta y es éste tercer punto de encuentro o sistema emergente de valores lo que muchas personas están tratando de desarrollar en su interior, con frecuencia, de manera inconsciente. ¡Se trata de una positiva síntesis que debería fomentarse!

La auténtica alternativa que en la actualidad sienten o perciben muchas personas es la que se plantea entre un autoritarismo jerárquico (que a menudo se esconde bajo los nombres de religión, tradición o familia), que reprime a las mujeres y las sitúa en una posición de subordinación ante los hombres / Dios-Alá / el paradigma familiar de la respetabilidad y que, en consecuencia, hace también de menos a los hombres porque no les permite ser otra cosa que dominadores (de la naturaleza, de las mujeres, de otros hombres) y, de otra parte, una manera de ser persona, individualmente considerada, que controla su
propio destino mediante la recreación de su propia escala personal de la ética y de unos valores, alguien que tiene la facultad de recrear una moralidad y un gobierno sin oprimir ni a mujeres ni a hombres. Este nuevo concepto que está sur-

giendo no es deudor ni del añejo cliché a lo porno, el hombre salvaje de la jungla que posee a su mujer ni de los estereotipos de la familia jerárquica de antaño, del hombre como figura paterna, de la madre regañona que defiende a su hombre por encima de cualquier otra consideración, de los hijos como crías, de las solteras sin cabida en la sociedad, etc. Es algo nuevo que se está haciendo.

Está claro que casi ninguno de los países europeos puede alardear de ser modelo de perfección a la hora de ejemplificar el nuevo mundo del que estamos hablando, por más que haya reconocer a Occidente el mérito de sus metas idealistas y de que sean muchas las personas que se están esforzando por incorporar estos nuevos valores a la generalidad de la población. En terminus de derechos de la mujer (y, por tanto, del hombre), quizá Escandinavia lo esté haciendo algo mejor; en Finlandia,
por ejemplo, una mujer tomó posesión de la Presidencia (el 18 de abril de 2003); contaba además con una primera ministra (lo que hizo de este país el único de Europa con dos mujeres simultáneamente en tan altos cargos, aunque son hombres los que
ocupan simultáneamente los más altos cargos de un extremo a otro de Europa sin que nadie se inmute o se sorprenda),
si bien esta segunda mujer se vio forzada a dimitir en una fecha posterior del año pasado a consecuencia de una feroz campaña de los medios de comunicación en su contra.

En Finlandia, el 37% del Parlamento está integrado por mujeres. Suecia y Dinamarca cuentan asimismo con altos niveles de participación femenina, como sucede también en Nueva Zelanda (¡por supuesto que no sólo en Escandinavia!), que igualmente cuenta en la actualidad con una presidenta (Nueva Zelanda fue el primer país del mundo que reconoció a las mujeres el derecho de sufragio, en 1897). Aunque es en Escandinavia donde se han alcanzado unos niveles de mayor igualdad para las mujeres (y por tanto, para los hombres) que en otros países, Occidente puede proclamar que ostenta una reputación impecable en términos de derechos de las mujeres a ocupar posiciones de máximo poder. Al menos, la igualdad y los derechos humanos para todo el mundo sin distinction constituyen unos objetivos manifiestos y el contexto social en general ha mejorado sustancialmente.

Por el contrario, en muchos países de Oriente Medio, incluido Irak bajo Sadam Husein, una mujer podría ser ejecutada por mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio (no así un hombre, sin embargo). Al parecer, tal práctica forma parte de la legislación religiosa islámica de tendencia chií, que también se aplica en otros países, entre ellos, países africanos como Nigeria. Los chiíes representan más de un tercio de la población de Irak y, por supuesto, se espera que ocupen un lugar prominente en cualquier nuevo gobierno que se forme allí en nombre del pueblo de Irak. En consecuencia, cabe esperar que, muy posiblemente, salga reforzada esta legislación.

Bajo la versión del Islam de Husein, secular en ciertos aspectos, a las mujeres no se les obligaba ni se les presionaba
a que llevaran chador o burka (tampoco velo), aunque las mujeres de la comunidad chií sí que vestían un largo chador negro que les tapaba por completo el cuerpo y el pelo. Si bien las iraquíes no gozaban bajo el régimen anterior de verdadera igualdad,
muchas mujeres se habían educado en la universidad y ocupaban altos cargos en el Gobierno y en otras organizaciones, de manera muy similar a las situaciones de transición en los países occidentales, cuando la legislación o las pautas sociales iban
por detrás mientras que los progresos eran desiguales.

¿Tendrán ahora las mujeres de Irak la posibilidad de disfrutar de libertad? ¿Mejorará la condición de la mujer bajo cualquiera que sea el nuevo gobierno que surja en Irak? Así lo espero. Por el contrario, ¿se ofuscarán acaso las mentes de algunos dirigentes ante la aparente alternativa entre la sociedad virtuosa y la cultura porno y serán los derechos de las mujeres los que corran con las erróneas consecuencias?

Son muy pocas, si es que hubo alguna, las mujeres que participaron en la primera reunión de los nuevos dirigentes de Irak. Aunque los jefes religiosos chiíes (exclusivamente hombres) tampoco asistieron y boicotearon la reunión, no existe en el país el equivalente de un gran movimiento femenino organizado que boicoteara la reunión; las organizaciones existents no fueron invitadas a participar. ¡Alguien se olvidó de ellas!

Me pregunto qué es lo que sucederá en Irak con las mujeres y con los derechos de las mujeres (y lo que sucederá
en los países de alrededor y aquí, en Occidente) ahora que las cosas están cambiando de manera tan drástica en ese país. La posición que consigan ganarse las iraquíes afectará seguramente a la posición de las mujeres en toda esa parte del mundo y en todo el mundo. Espero lo mejor, les deseo lo mejor, pienso en ellas. Hay una gran cantidad de magníficas ideas en las que trabajar, de todas las partes del mundo. ¡Estoy convencida de que pueden tener éxito!

Shere Hite es escritora especializada en temas femeninos y autora de diversos estudios sobre sexualidad, como el reciente Sexo y negocios. Preside la Asociación para el Avance de la Mujer

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